Cuando aparece una lesión, es fácil que todo empiece a girar alrededor del dolor.
¿Me duele? ¿Cuánto me duele? ¿Puedo moverme? ¿Cuándo dejará de doler?
Pero hay una pregunta que muchas veces debería estar presente desde el principio:
¿Qué quiero volver a hacer cuando me recupere?
Porque recuperarse no debería significar únicamente conseguir que desaparezca una molestia. Una recuperación completa debería permitirnos volver a nuestra vida, a nuestras actividades y a aquello que nos hace sentir bien. Correr. Entrenar. Montar en bicicleta. Bailar. Hacer senderismo. Jugar con nuestros hijos. Volver al trabajo sin limitaciones. O simplemente movernos con confianza en nuestro día a día.
Cada persona tiene un objetivo diferente y, por eso, cada recuperación también debería ser diferente.
En En Movimiento entendemos la recuperación desde una perspectiva activa. Tras una valoración, el trabajo se adapta a las características y necesidades de cada persona para recuperar progresivamente capacidades como la fuerza, la movilidad, la coordinación y la estabilidad. Porque nuestro cuerpo no necesita únicamente que dejemos de hacer aquello que nos provoca molestias. Necesita volver a aprender a hacerlo. Y eso implica avanzar poco a poco, aumentar las demandas de manera progresiva y recuperar la confianza en nuestro propio cuerpo.
Una lesión puede obligarnos a parar durante un tiempo, pero ese momento de pausa no debería convertirse en nuestro punto final. La recuperación debería ser el camino que nos permita volver a disfrutar de aquello que tuvimos que dejar atrás. Por eso, antes de pensar únicamente en cuándo desaparecerá el dolor, quizá sea interesante preguntarnos:
¿Qué quiero volver a hacer?
Esa respuesta puede convertirse en uno de los mejores objetivos para trabajar durante la recuperación. Porque recuperarse no es simplemente estar mejor.
Es volver a sentirse capaz.







